viernes, 21 de octubre de 2011



Un establo vacío,
una casucha abandonada,
un corral,
una puerta,
piedras
y un ventanuco.

El taller habitado por fantasmas.
el cuarto de baño por monstruos,
y en la habitación sólo había carne.

En la cama,
muertos.

Ya sé que no hay camas mágicas,
hijo de puta...

Tumbada, 
febril,
barruntando una enfermedad de temporada,
adormilada.

Sola,
con un hombre.
Con los ojos cerrados,
la consciencia perdida.

El monstruo a mi lado
erguido,
rozándome.

Un monstruo grande
muy grande.

Era una puerta,
no hay camas mágicas,
lo aprendí hace mucho tiempo.
 

1 comentario:

  1. Es duro y a la par atrayente, como si mi "yo" lector se quedara pendiente de un hilo, como si quisiera saber más y a su vez tuviera cierto pudor por ese interés que por momentos se me antoja como malsano. El paisaje que describes me parece terrible, angustioso, claustrofóbico e incluso me lleva a un espacio horrendo del que apenas se tiene opción a salir mientras la agresión persiste indemne y apartada de toda justicia.

    Ya sabes como me gustan sus cosas, casi todas.

    Un beso, Gloria.

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