Y llego allí, antes te lo he dicho, te lo he confesado, esperé a que regresaras, esperé a que volvieras, no me resigo a ser un contrato mensual, ni siquiera esta vez la respuesta fue eso, se quedó en un compromiso, una extensión de lo estipulado, tenías hambre, yo no, apenas tengo nada y sigo hinchándome.
Se cansó de engancharse cascabeles a los tendones, no quiere que la oigas, que la oigan, no quiere.
Estar cansada no suena, no tiene por qué tener una banda sonora, es una pretensión sin sentido.
Un cuento, dos cuentos, tres cuentos, yo no sé escribir cuentos, no pienso escribir la historia de mi vida, no quiero servir de ejemplo para nadie, no quiero teorizar, no sé teorizar, no soy una teoría.
Me levanté, llegué, trascendí, suspiré, cumplí, fingí, me desmayé, vi un espejismo, me pudo la ternura un instante, transigí, obvié, ejercí y lloré.
Y un día vino y confesó, y no escribió más. Porque estaba cansada, porque no tenía sentido, porque ya no le nacían alas...
lunes, 31 de diciembre de 2012
Y aquel cabrón me enseñó que no sabía mover las manos,
que no sabía besar, que
había palabras que no tenía derecho a pronunciar.
Aquel maestro miserable me
enseñó de nuevo la culpa