viernes, 11 de noviembre de 2011

Me gustan las amapolas,
 



las margaritas blancas
 


y las amarillas.



Los lunares


y las cosas que brillan.


El tronco de los abedules,


las zarzamoras,


Frank Sinatra.


La fotografía en blanco y negro,


el cocido.



Llorar de alegría,


los calcetines de rayas


y los zapatos imposibles.



El color rosa


y Pennie´s from heaven de Sarah Vaughan.


Dormir con mi hijo,


tomar el fresco,


y echarme la siesta.


El ruido de la lluvia,


Caravana de mujeres,


estar descalza,


Los cuentos cortitos,

JULIO CORTÁZAR. “Amor 77” .
Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.


Un tal Lucas, 1979

los vestidos cortitos.


Xavi,


regalar recortables


y el Cinexín.


El Cigala,


García Márquez,


Peter Greenaway


y R2D2.


Las bolas de navidad,


comer pipas hasta que me escuecen los labios


y Alfonsina Storni.

TU ME QUIERES BLANCA

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.
Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.


Los pollos

y los murciélagos.


El frío en la cara por las mañanas,


Concha Buika cantando "Mi niña Lola",


los cuentos,


la sopa



y el gore.


Los colorines,


las pinzas de la ropa.


El valle de la Pineta


y el mar de verdad.


J porque siempre me dice cosas agradables.

"Le deseo que su sábado sea para recorrer el mundo exterior, para sentir los colores, para celebrar que todo es dorado y que las piedras aguardan que sus manos la acaricien."

Las tildes.


Taconear,


los tacones que no me puedo poner porque no sé andar


y los zapatos de Dorothy.


Las alas,


y la sonrisa de mis niños,


Y me gustan más cosas...



jueves, 10 de noviembre de 2011




La puta boca cerrada
las putas piernas juntas
los putos ojos cerrados
 



Cuando despertó, su olor aún seguía allí, no el puto dinosaurio.

Caperucita Roja.




Lo de los callejones oscuros no es una leyenda urbana. Existen, y los hay especiales para las niñas de trece años...

Rosa fucsia y volantes, seguro que los zapatos, de incipiente tacón, haciendo juego. Y ese exceso de maquillaje de los primeros días de la adolescencia que en vez de aumentar el paso del tiempo evidencian aun más la niñez, exarceba la condición de Lolitas...

Y como contraste la noche, ésa que viene por defecto sin lentejuelas, las estrellas tampoco son lentejuelas, hay veces, y sitios, donde las estrellas no brillan, y la luna no hace sino acrecentar las sombras.

De fondo el hartazgo, el cansancio, el agotamiento de una juventud sucia. Como explicación el entorno, la semilla que debió malograrse pero cuajó y creció sin otra opción que hacerlo torcida, como un sarmiento dolorido.

Mal encuentro, mal tropiezo, mala búsqueda, malos hábitos, éste tampoco va a procurar que su vestido siga intacto. Éste dará paso a otros, a los asientos de cuero, otro color, quizá ahora ya no haya volantes, pero sigue habiendo exceso de purpurina en las mejillas; y a éste, otro más.

La muleta no es garante de su "seguridad", no respetará ningún papel premeditado, ni siquiera el de niña mala que ya no cree en el color rosa, ni en los volantes...

El callejón acabará convirtiéndose en la antesala de un burdel, en el pasillo interminable de una de sus películas, en un lugar de encuentros, de nervios, de confesiones inútiles y alentadoras, de revulsivo, de infinitud, de casi horror.
 

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Antes de acostarme.




No encuentro fotos,
no encuentro música,
no sé qué leer,
no tengo ganas de ver la tele,
no me entra sueño,
ya hice ejercicio,
acosté a mi hijo,
medio comí algo,
no me he duchado,
sigo fumando,
siempre voy a dar con el mechero que no funciona,
no he hecho la comida de mañana,
no he bajado la basura,
no he hecho las llamadas telefónicas de rigor,
no he escrito nada,
no sé qué ponerme mañana,
no me he hecho entender,
he dicho alguna gilipollez,
he impostado,
no he malgastado,
no me ha mirado,
no me ha hablado,
tampoco me ha entendido,
no le he escrito,
a él tampoco,
no he conseguido no comer,
no me he puesto mis cremas,
no me he quitado el maquillaje,
ni los zapatos,
no he respirado,
me he golpeado,
no me he muerto,
pero no he llorado,
no se agota la reserva de mis taquicardias,
no he encontrado zombies,
he sonreído sin ganas,
me he enervado,
me he tomado todas mis pastillas,
he hecho una confesión innecesaria,
no he colocado mis muñecas,
no me he vestido mujer,
me he puesto una sombra,
apenas me he equivocado,
no lo he solucionado,
sigo instalada en la angustia,
me sigue doliendo la espalda,
y la garganta,
y mi entrecejo sigue fruncido,
sigo sin ir a la peluquería,
no encuentro el color,
ni el no-color,
ni los monstruos idóneos,
ni el dolor de cabeza idóneo,
ni el daño perfecto,
ni la solución perfecta,
he sido pesada,
renuente,
no he aprendido nada,
no he enseñado nada,
no he dado nada,
no me he atrevido,
no estaba sola,
he vuelto a golpearme,
quiero escribir sin comas y no me sale,
mi batería de exabruptos sigue siendo un estandarte,
he cambiado una -r por una -d,
he recordado,
hice una aclaración estúpida,
no me he mostrado,
me dejé los cascabeles en casa,
me afectó lo que no debía,
robé,
pequé,
no lo pagué,
no encontré penitencia-mi penitencia-la penitencia,
sigo escribiendo sola,
sigo sin escribirle,
continúo haciendo lo que me da la gana,
lo que no debo,
o lo que sí debo,
sigo confundiendo el metro con un confesionario...


domingo, 6 de noviembre de 2011



Atadito a mi cintura.
Seguro,
tranquilo,
suave.

Sólo he nacido para eso,
para tenerte atadito a mi cintura.

Agarrado a mis noches
pegadito a mi costado.

Sólo he nacido para eso,
para tenerte pegadito a mi costado.

Para sentirte respirar,
para oírte los sueños.

Esta noche sólo he nacido para eso,
para nada más.
 




 

Un nicho recién tapiado
y a la espera de ser estrenado de nuevo...

Y me gusta.

No sé si serán estas cosas una perversión mía.

Pero ese color blanco se me antoja el culmen de la pureza a la que puedo aspirar,
a la que llegué.

A la que perdí,
por imbécil.

A la que,
quién sabe,
vuelva a perder de rodillas.

Es lo que me parece,
un nicho recién tapiado